La magia que encierra
- Kelly Thompson

- 17 mar
- 3 Min. de lectura
Contemplarla es conocerla. Flotar sobre ella es verla. Ninguna palabra de poeta revelará su esencia. Ninguna melodía de canción capturará su espíritu. Ninguna fotografía desvelará su alma. Mi bahía mágica solo puede ser capturada por el corazón.
Una visita a esta maravilla del mundo lo cambia todo. Para los guías, pescadores y estudiantes que la han convertido en su hogar, el mundo es diferente. La bahía permanece con ellos. Ven la luz fugaz en sus sueños y extrañan su energía cuando están lejos. Los científicos se sienten humildes y asombrados por el poder que genera la bahía, sus ciclos esquivos, su fórmula indeterminada. La bahía es un sistema delicado, enigmático y en constante mejora, que pervive como un testimonio del diseño de la naturaleza y un recordatorio de que debemos seguir su camino.
Más que un lugar asombroso para ver en la Tierra, la bahía es una terapia de la naturaleza, que trae consigo una curación instantánea, del tipo que los humanos necesitamos en estos tiempos para restaurar nuestra conexión y revitalizar nuestra esperanza de que no toda la naturaleza se ha perdido.
La bahía inspira amor, y bajo un mar de estrellas fugaces muchos amantes se lo han profesado, arrullados por el canto de los coquíes y la calma de las aguas; corazones abiertos, listos para unirse. Muchas almas valientes han extendido su amor, sacando un anillo del agua cubierto de brillantes diamantes líquidos, ofreciendo la vida de la naturaleza y la suya propia.
Para mí, la bahía es mi vida.
La he elegido por encima de otros amores: una vida rutinaria, un trabajo práctico, una familia. He intentado protegerla de las luces que oscurecen su brillo y de los venenos que contaminan sus aguas. La belleza debe cuidarse y protegerse, pues la magia indescriptible de la naturaleza es delicada y efímera.
Por eso, os exhorto a quienes la habéis visto a uniros a los esfuerzos para salvar la bahía, dejándola vivir, haciendo lo que hace, sin interferencias, hasta que decida morir, o no, de forma natural . Os invito a venir a verla y a enamoraros de ella y del mundo que representa. Olvidemos que somos humanos separados de la naturaleza y recordemos que somos parte de ella. Debemos hacerlo. Es la clave de todo. Hacedlo. Por la naturaleza del amor, por el amor a la naturaleza.
Por amor a la bahía.
la ciencia
La mágica luz de Puerto Mosquito es creada por un singular organismo llamado Pyrodinium bahamense (fuego giratorio de las Bahamas). Este plancton microscópico unicelular es capaz de generar una misteriosa luz azulada al mezclar dos sustancias químicas cuando algo lo toca. El resultado es espectacular. Un paseo en bote a pedales o eléctrico, canoa o kayak te coloca en primera fila para un espectáculo de luces submarinas donde las mantarrayas surcan un mar de estrellas fantasmales y los peces dejan estelas azul eléctrico en la oscuridad. De vez en cuando, un manatí se mueve con delicadeza por la escena resplandeciente, grande pero elegante en su entorno acuático, ayudándonos a comprender por qué los antiguos marineros creían en las sirenas.
Puerto Mosquito, la bahía bioluminiscente más brillante del mundo, es uno de los últimos ejemplos de una bahía prístina. Un majestuoso bosque de manglares, praderas marinas, un arrecife de coral y lagunas vecinas se han combinado para crear y proteger uno de los ecosistemas más delicados y singulares de la Tierra, proporcionando las condiciones ideales en el agua para que prosperen los dinoflagelados (organismos de cola giratoria).



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