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¿Mango mezclado?

Nuestro querido árbol de mango tiene algunos parientes no tan agradables.

El delicioso mango es una de nuestras frutas tropicales más apreciadas y codiciadas. Puede que sorprenda a muchos, pero su familia botánica, las Anarcadiaceae, incluye algunas de las plantas más tóxicas que conocemos: la hiedra venenosa, el zumaque venenoso y el roble venenoso. Debido a este parentesco botánico, muchas personas son extremadamente sensibles a ellas, y a menudo lo descubren de la peor manera.

Cuando se cortan los frutos del tallo, exudan una savia lechosa que se vuelve amarillo pálido y translúcida al secarse. Esta savia, al igual que la del tronco, las ramas y la piel del fruto inmaduro, es un potente irritante cutáneo capaz de causar ampollas en la piel de la mayoría de las personas. Como ocurre con la hiedra venenosa, la reacción suele ser tardía. Las personas hipersensibles pueden experimentar una hinchazón considerable de los párpados, la cara y otras partes del cuerpo. Es posible que no puedan manipular, pelar ni comer mangos ni ningún alimento que contenga pulpa o jugo de mango. Una buena precaución consiste en usar un cuchillo para pelar el mango y otro limpio para cortar la pulpa, a fin de evitar contaminarla con la resina de la cáscara.

Además, cuando los mangos están en flor, es común que las personas sufran picazón alrededor de los ojos, hinchazón facial y dificultad para respirar. Curiosamente, los granos de polen no se dispersan en el aire: son grandes y tienden a adherirse entre sí. La irritación proviene de los aceites esenciales vaporizados de las flores. Y para complicar aún más las cosas, la madera de mango nunca debe usarse en chimeneas, hogueras ni como combustible para cocinar, ya que su humo también es altamente irritante.

 
 
 

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